Implantes

El implante dental, es un producto sanitario destinado a ser el sustituto artificial de la raíz de un diente perdido. Habitualmente tiene forma roscada y está fabricado con materiales biocompatibles  (TITANIO) que no producen reacción de rechazo y permiten su unión al hueso (osteointegración).
Se corresponde a una raíz artificial de titanio sobre la cual se aplican las fuerzas de las prótesis fijas o removibles.
El tratamiento de implantes dentales comienza con un correcto diagnóstico y una buena planificación del tratamiento, adecuado a cada paciente.
Se realiza en primer lugar una exploración clínica y además de un estudio radiográfico para valorar la cantidad y calidad ósea disponible.
El tratamiento de implantes consta de 2 partes:

A) Parte quirúrgica:
Comprende la fase de planificación, colocación de los implantes, período de cicatrización (entre 12 y 24 semanas) y preparación de la encía para recibir la futura prótesis.

B) Parte protética:
Comprende la serie de pruebas mecánica y estéticas que culminan con la colocación de la prótesis definitiva, para que el paciente tenga restaurada las funciones masticatoria, fonatoria y social (estética).

La inserción del (o los) implante(s) se realiza en una sola sesión y con anestesia local. Entonces el implante de titanio se “osteointegra” con el tejido óseo, es decir se une al hueso produciendo lo que podríamos denominar una soldadura biológica entre el hueso vivo y el titanio.
El proceso de osteointegración puede durar de 3 a 6 meses, en función de la cantidad y calidad del hueso del paciente.
Posteriormente, los implantes son usados para rehabilitar las piezas perdidas, ya sea de forma fija o con una prótesis removible sujeta en los implantes.
Dado que ofrecen un aspecto similar y dan una sensación parecida a los dientes naturales, permiten altos niveles de comodidad, seguridad y confianza.
Son una solución que permite mejorar notablemente la calidad de vida del paciente, al ser un proceso muy fiable y mínimamente invasivo.